En el escenario global de la calidad del agua, el arsénico es uno de los elementos más estudiados por su impacto en la salud y su presencia natural en distintas regiones del mundo. Se trata de un metaloide que puede incorporarse al agua a partir de procesos geológicos -como la disolución de minerales presentes en rocas y sedimentos- o por acción humana, a través de actividades como la minería, el uso de agroquímicos o ciertos procesos industriales.
La preocupación por este elemento no es menor. El consumo prolongado de agua con arsénico puede derivar en enfermedades como el hidroarsenicismo crónico regional (HACRE) e incluso distintos tipos de cáncer. Por eso, organismos como la Organización Mundial de la Salud y el Código Alimentario Argentino establecen límites estrictos para su presencia en agua destinada al consumo humano, fijando un máximo de 0,01 mg/L (10 partes por billón).
Sin embargo, la realidad no es uniforme en todo el territorio. En la provincia de Misiones, las características geológicas generan un escenario diferencial: las aguas subterráneas no presentan arsénico de origen natural. Esto se explica por las características del suelo y del subsuelo, compuestos por basaltos de la formación Serra Geral y areniscas de la formación Curuzú Cuatiá, materiales que no contienen este elemento en su estructura. A esta condición se suma el comportamiento de los suelos rojizos típicos de la provincia, que actúan como filtros naturales, con alta capacidad de retención de sustancias.
Desde Aguas Misioneras S.E., junto al Ministerio de Ecología de Misiones, se lleva adelante un monitoreo permanente del recurso, basado en protocolos científicos y análisis de alta precisión que permiten detectar incluso concentraciones mínimas de sustancias. Estos estudios no solo incluyen arsénico, sino también otros metales pesados, agroquímicos y pesticidas, con el objetivo de garantizar la inocuidad del agua en toda su trazabilidad.

En el caso de las aguas superficiales -como ríos y arroyos-, la dinámica es diferente. Allí, la posible presencia de arsénico está más asociada a factores antrópicos que naturales. La erosión de suelos o los aportes de actividades productivas pueden introducir este elemento en los cuerpos de agua, aunque en general su comportamiento es más dinámico, con mayor dilución y transporte.
Por eso, más allá de la ventaja natural que presenta Misiones, la prevención sigue siendo clave. El trabajo articulado entre los organismos del Estado permite no solo monitorear la calidad del agua, sino también registrar las perforaciones, controlar los usos del recurso y promover buenas prácticas que eviten la contaminación.
En un contexto donde muchas regiones del país y del mundo deben recurrir a tratamientos complejos para remover arsénico del agua, Misiones se posiciona con un diferencial claro: un recurso hídrico de calidad excepcional desde su origen. Entender el comportamiento del arsénico no solo permite dimensionar los riesgos que existen en otros territorios, sino también valorar el patrimonio natural que representa el agua en la provincia.
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